15/06/2021
Hoy os quiero enseñar un trozo de vida de una agricultora vietnamita, a través de unos fragmentos que he tomado en casa de mi tía, en una tarde soleada tan bonita que fui a ayudarle a mi mamá a recoger el arroz que hemos sacado a secar en la casa de mi tía (mi mamá ya deja de cultivar hace muchísimo y ahora que tiene tiempo ha vuelto a cultivar otra vez, por hobby y porque así comemos mejor y más barato, y claro, lo hace con la ayuda de mi tía, las dos, 1440m2 de campo, 5 días enteros para sembrar a mano)
El trabajo siempre es duro. Varios días levantando temprano o acostándose tarde, siempre pendiente para cuidar el cultivo hasta el día de cosecha, pero después tampoco es pan comido ya que viene el momento de conservar.
Así es, esa tarde era una tarde soleada, pero con algunas nubes negras, entonces uno dice al otro que iba a llover y así se aconsejan entre ellos que había que recoger temprano que sino la lluvia ya nos venía encima. Pero no pasa nada si la lluvia nos viene encima, lo que sí pasa es que lo pasa con los granos de arroz, aquellos que habían cosechado de los más de 1000 metros cuadrados que he mencionado. Así que fuimos corriendo. 5 personas luchando contra más de 30 sacos de arroz, llenos.
Terminamos por fin, y el sol todavía estaba arriba. Los más jóvenes nos quejamos de que por qué había que tener tanta prisa, que mira el sol, y los más mayor sonriendo satisfechos por haber escapado otra vez de una posible lluvia.
Nos quedamos charlando y bebiendo agua fría. Alrededor son los sacos de arroz que hemos recogido, los gatitos de mi prima, mi tía, que toda su vida ha trabajado mucho, sonriendo junto con mi prima pequeña. Delante es un pequeño patio, con unas botellas de salsa de soja vietnamita (hecha todo a mano, a estilo tradicional). Cerca por allí están no-sé-cuántas-cosas de mi tía.
Qué momentos más mágicos, ¿verdad?