24/02/2026
Hubo una época en la que la chispa del motor no dependía de sensores ni computadoras, sino de un mecanismo tan simple como preciso: los platinos del distribuidor de encendido. Esta pequeña pareja de contactos fue durante décadas la encargada de abrir y cerrar el circuito eléctrico que permitía generar la chispa en la bujía, justo en el momento exacto. Todo pasaba ahí, en sincronía con el giro del motor.
Los platinos trabajaban mecánicamente, accionados por una leva dentro del distribuidor. Cada apertura provocaba el colapso del campo magnético en la bobina, y de ahí nacía la alta tensión que encendía la mezcla. Era un sistema elegante en su lógica, pero exigente en mantenimiento: ajuste de luz, limpieza, desgaste por fricción y calibración constante. Un pequeño error y el motor lo resentía de inmediato.
Aunque hoy han sido reemplazados por sistemas electrónicos mucho más precisos, los platinos marcaron una era completa de la mecánica automotriz. Gracias a ellos, millones de motores funcionaron durante años, y generaciones enteras de mecánicos aprendieron a “escuchar” el motor y afinarlo a mano. Entender cómo funcionaban no solo es historia, es comprender el origen de la tecnología de encendido moderno.