28/01/2014
El origen de la palabra "camarilla"
Era costumbre de Fernando VII el reunirse con sus amigos para disfrutar de reuniones en las que se conversaba y se fumaban puros. Como es lógico, tan solo unos pocos tenían acceso a tan selecto grupo.
En estas veladas, se hablaba de los temas que el Rey tenía a bien; los aduladores le daban siempre la razón, aprovechando los resquicios que podían para convencer al Monarca de la conveniencia de ciertas decisiones. Éstas eran, mayoritariamente, nombramientos y más nombramientos, que iban recayendo en los amigos y recomendados de los tertulianos del momento; como el acceso a estos últimos era más sencillo que intentar llegar al Rey, estos se convertían en la vía de influencia y canalización de favores que de facto decidía las destituciones y sus correspondientes sustituciones; al fin y al cabo, era el único medio de contacto con la "realidad" que tenía el Rey.
Las reuniones no empezaban a ninguna hora concreta, sino cuando el Rey disponía; por ese motivo, los tertulianos esperaban en una pequeña habitación contigua a la cámara real, que se conocía como "camarilla", donde pactaban de antemano las decisiones que formalmente tomaría el Rey poco después.
Desde entonces, el nombre de esta estancia ha servido para designar al grupo de consejeros o personas influyentes sobre quien detenta el poder.